Siempre vivir en el interior del país lleva una marca, a veces de regocijo, a veces de carencias, siempre de diferencia. Había que vivir la Argentina de los 70, y había que hacerlo en el interior. Tiempo atravesado de riesgos y desasosiegos, de desarraigos, de imposibilidad de reunirse, de opinar libremente, de muerte a la vuelta de la esquina; tiempo de una Latinoamérica tensada en dictaduras.
Esto tal vez ayude a imaginar lo que significó el núcleo de trabajo y de contención cultural generado por la presencia del Profesor Nicolás Bratosevich en el taller literario de Gral Roca. Fue un taller soñado, programado y sostenido por un magnífico grupo de personas: Marta Srur, Mirta Pagani, Haydeé Massoni, Conce Roca, Cecilia Boggio, Marta Gorsky, entre otros, quienes pusieron a andar esta posibilidad que se prolongó por varios años y en la que participó gente de distintos puntos de la Patagonia.
La lectura de grandes escritores es siempre el tejido de sostén para atravesar tempestades, porque sabe recordarnos -desde la fecundidad de la palabra- quiénes somos y quiénes podemos ser, desde lo monstruoso hasta lo sublime.
Nicolás Bratosevich fue uno de los iniciadores de los talleres literarios en Argentina y si bien su taller funcionó en Buenos Aires por más de 25 años, contar con su presencia en Patagonia, y por esos años, implicaba un trabajo de maravillosa intensidad y la posibilidad de una formación de gran significado para quienes intentábamos entonces leer y escribir, entreviendo ambas experiencias como un camino de búsqueda personal y de responsabilidad social.
No por casualidad, nuestras lecturas de taller anduvieron por obras de quienes en ese momento se encontraban desaparecidos, como Haroldo Conti y Antonio Di Benedetto. No por casualidad recorrimos con su tutoría teorías lingüísticas y literarias que empezaban a entrar tímidamente en las universidades argentinas: A. J. Greimas, Charles Bally, Roman Jakobson, Tzvetan Todorov, Carl G. Jung, Vladimir Propp, entre otros.
Funcionaba un sábado por mes con distintas propuestas: Taller de escritura, Taller de crítica literaria, Taller de Literatura teatral. Casi todos los integrantes de su taller de producción siguieron dedicados a la escritura; muchos de los que pasaron por otros grupos continuaron trabajando por los espacios de la literatura y de la cultura en general.
La experiencia docente es de una concreción casi invisible, la convocatoria a un armado interior de pensamiento, la invitación a un desempeño generoso de la sensibilidad, una influencia perdurable con la mirada en un colectivo que se sueña y se desea, con la esperanza en una sociedad que nos haga seres más dignos y más felices.
Desde la pena por la reciente muerte de Nicolás Bratosevich, nuestro querido Brato, escribo estas palabras. Quedan sus libros y su enorme y rica influencia en muchos hacedores culturales con los que a veces nos encontramos en congresos, en seminarios, en las pequeñas señas de nuestras acciones y nuestros libros. Queda la memoria de su entrega como docente y la vigencia de sus conceptos, que siguen revelando aristas y rellanos en la lectura de nuestras vidas, en las preguntas viejas y nuevas de lo cotidiano.
María Cristina Ramos
Neuquén, otoño 2013
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