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jueves, 13 de noviembre de 2014

PRIMOS

Soy la hija y ella está -quiero decirme-.
Ella alborando sartenes en la cocina de baldosas rojas
ella que riela sobre el blanco del mantel de otro tiempo
mientras hablo con los que dicen que soy la hija de la tía

y lo dicen con el acento de haber vivido
en los recodos de los mismos ríos pequeños
en las caladuras de las mismas sombras
en el resplandor doméstico de las hierbas serranas

llueve una lluvia que alienta el cobertizo
y en esta noche celebro,
con el plumaje de los árboles jóvenes,
los frutos y las estrellas que alhajan
y las niñas creciendo.

De Cae la nieve

María Cristina Ramos

martes, 11 de noviembre de 2014

LEVE

Cada uno se arropa como puede,
como le va pidiendo la intemperie,
cada uno se agrega el tul profundo
para las noches más serenas.
Cada cual se levanta
y se deshoja
livianamente para el día,
cada cual con un cacharro añoso
y una leve cuchara
para el sabor que cuenta.
Cada cual cada quien que nunca es tarde
para elegir la trama que precise,
la labor más prolija
el párpado más rústico
y la orilla donde el agua quiebra
sus cristales y los junta
para poder mirarse y no encontrarse
y seguir a la busca.

De Cae la nieve
María Cristina Ramos


Foto: LEVE

Cada uno se arropa como puede, 
         como le va pidiendo la intemperie, 
cada uno se agrega el tul profundo 
         para las noches más serenas. 
Cada cual se levanta 
         y se deshoja 
               livianamente para el día, 
cada cual con un cacharro añoso
         y una leve cuchara 
               para el sabor que cuenta. 
Cada cual cada quien que nunca es tarde 
para elegir la trama que precise, 
        la labor más prolija 
             el párpado más rústico 
y la orilla donde el agua quiebra 
             sus cristales y los junta 
para poder mirarse y no encontrarse 
             y seguir a la busca.

De  Cae la nieve
María Cristina Ramos

domingo, 10 de febrero de 2013

Ventanas


Hace un tiempo, en un lapso despoblado de una mesa de examen, una libélula entró por la ventana, dio una vuelta y se detuvo en el aire frente a mí. Era de color irrepetiblemente azul y estaba cruzada por franjitas negras. Nos miramos durante una fracción de siglo, cambiamos cosas y sentires, después se despidió y se fue. 
Una mañana muy temprano me asomé a la ventana y un jilguero, instalado sobre un cable cercanísimo, comenzó la más larga cantata alumbrada por pájaro alguno. Me inmovilizó y a la vez me puso a andar. Atesoré el canto, como quien acopia un hilo de oro, en esas zonas donde habitan los seres únicos, las cosas que estilizan el instante y con las que uno puede ser, fugazmente, absolutamente uno.


De Cae la nieve


Fotografía: zoouniverso.blogspot.com




lunes, 28 de enero de 2013

GEOMÉTRIX



Los óvalos habían salido a deambular por la llanura. Iban rodando, por eso se los veía subir y bajar, como quien cabalga. Los círculos habían decidido girar fijos en un punto como monedas en manos juguetonas. Tres rectas dudaban, se cruzaban y descruzaban, formaban un triángulo -figura difícil- y luego se abrían cada cual por su lado. Dos paralelas trazaron un puente; debajo, muchas líneas corrían enmadejándose, otras se rompían en las aristas de las piedras. Luego todo fue peinado por el viento y terminó perdiéndose, en un punto lejano.



De Cae la nieve


lunes, 7 de enero de 2013

MIMBRE


En el centro del patio está el sillón de mimbre que cruje como si respirara. Los crujidos comienzan si es largo el tiempo de la seca. En el centro del verano otras voces miden la lejanía. Abuela, ¿te llevo agua fresquita? Viene un hilo de tejer desde un extremo del viento. El hilo roza la mano, luego dibuja una lazada. El brillo metálico parpadea en las agujas y un sonido de frecuencia escasa va marcando algo parecido a un caminar. 
Es el atardecer y las luces se inclinan hiriendo algunas sombras. Es el atardecer y ella piensa en él, que no regresa. 

Foto: MIMBRE


          En el centro del patio está el sillón de mimbre que cruje como si respirara. Los crujidos comienzan si es largo el tiempo de la seca. En el centro del verano otras voces miden la lejanía. Abuela, ¿te llevo agua fresquita? Viene un hilo de tejer desde un extremo del viento. El hilo roza la mano, luego dibuja una lazada. El brillo metálico parpadea en las agujas y un sonido de frecuencia escasa va marcando algo parecido a un caminar. 
         Es el atardecer y las luces se inclinan hiriendo algunas sombras. Es el atardecer y ella piensa en él, que no regresa. 


De Cae la nieve
María Cristina Ramos

De Cae la nieve