domingo, 10 de febrero de 2013

Ventanas


Hace un tiempo, en un lapso despoblado de una mesa de examen, una libélula entró por la ventana, dio una vuelta y se detuvo en el aire frente a mí. Era de color irrepetiblemente azul y estaba cruzada por franjitas negras. Nos miramos durante una fracción de siglo, cambiamos cosas y sentires, después se despidió y se fue. 
Una mañana muy temprano me asomé a la ventana y un jilguero, instalado sobre un cable cercanísimo, comenzó la más larga cantata alumbrada por pájaro alguno. Me inmovilizó y a la vez me puso a andar. Atesoré el canto, como quien acopia un hilo de oro, en esas zonas donde habitan los seres únicos, las cosas que estilizan el instante y con las que uno puede ser, fugazmente, absolutamente uno.


De Cae la nieve


Fotografía: zoouniverso.blogspot.com




viernes, 8 de febrero de 2013

MÚSICA


Foto: La vida no me debe nada, tengo casa y tengo sueños. Tenemos un país. Tengo hijos y nietas, todos bellos de toda belleza, de dispares pero definidas bondades. Tengo amigas y amigos y algunos que dejaron de serlo. Tengo una familia escasa pero extendida, que se arborece en verdes estadías. Tengo y tuve primos, ese remedo de la hermandad, ese plagio de complicidades de la amistad. Tengo libros, tengo el reparo de la palabra. La vida no me debe nada. Pero cada vez que es tiempo como ahora de jazmines, y de nacimientos, vuelvo a empezar como si poco conociera, con la inocencia de cada día, con la mirada de mis más pequeñas. Vuelvo a disfrutar de la vida como novedad y primicia, como noviazgo de madurez. Y en este renacer están ustedes los que andan pasos parecidos, los que nadan en preguntas que nos unen, los que confían en días más justos, los que habitan conmigo este claro del mundo.


La vida no me debe nada, tengo casa y tengo sueños. Tenemos un país. Tengo hijos y nietas, todos bellos de toda belleza, de dispares pero definidas bondades. Tengo amigas y amigos y algunos que dejaron de serlo. Tengo una familia escasa pero extendida, que se arborece en verdes estadías. Tengo y tuve primos, ese remedo de la hermandad, ese plagio de complicidades de la amistad. Tengo libros, tengo el reparo de la palabra. La vida no me debe nada. Pero cada vez que es tiempo como ahora de jazmines, y de nacimientos, vuelvo a empezar como si poco conociera, con la inocencia de cada día, con la mirada de mis más pequeñas. Vuelvo a disfrutar de la vida como novedad y primicia, como noviazgo de madurez. Y en este renacer están ustedes los que andan pasos parecidos, los que nadan en preguntas que nos unen, los que confían en días más justos, los que habitan conmigo este claro del mundo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

LEJANOS OJOS


La puerta de vidrio refleja la fotografía.
La hija de mi hija ve dos veces al padre de mi padre,
se asoma a una imagen y a otra que no existe.
El sepia atestigua: nada ya de aquel pasado queda.
Sin embargo
la hija de mi hija se detiene
en un punto visible de mi casa
y con su mirada de absoluto presente
recupera esa mirada.
La que flota en algo que no ha sido vencido
por la nada del tiempo.


“En un claro del mundo”
Editorial Ruedamares, 2012

Foto: LEJANOS OJOS


La puerta de vidrio refleja la fotografía.
La hija de mi hija ve dos veces al padre de mi padre,
se asoma a una imagen y a otra que no existe.
El sepia atestigua: nada ya de aquel pasado queda.
Sin embargo
la hija de mi hija se detiene
en un punto visible de mi casa
y con su mirada de absoluto presente
recupera esa mirada.
La que flota en algo que no ha sido vencido
por la nada del tiempo.



                                                        María Cristina Ramos
                                                   De “En un claro del mundo”
                                                    Editorial Ruedamares, 2012


lunes, 4 de febrero de 2013

LUNA LLENA


En las noches de luna
deambula el lobisón;
(dicen que es una sombra
que pierde la razón).

Pudiera ser un hombre
mordido de serpiente
y que en ardua pelea
le ha ganado a la muerte.

Va sembrando un murmullo,
rumor desconocido,
de garganta que ensaya
guturales gruñidos.

Hay que cerrar las puertas,
no andar a cielo abierto,
apurar los cerrojos,
escuchar los silencios.

Se aparece cubierto
de pelaje bruñido;
todos temen sus pasos
de andar desconocido.

Su sed, que no se calma,
bebe en una oquedad
donde la gente mezcla
mentira con verdad. 

Dicen que es responsable
de potros desbocados,
de ángeles perdidos,
de amores olvidados.

Ha devorado ciervos
y a algunos vagabundos
que, como el lobo, andaban
solitos en el mundo.

Los regueros de sangre
que dejó alguna vez,
se han ido con viruta
de tronco de ciprés.

¡Cuidado con la luna!,
su lentitud de plata
se asusta de los seres 
que ella misma desata.

Se cobija en la sombra,
comienza a decrecer
y nos creemos solos
sin monstruo que temer.

(Pero alguien de nosotros
-y no se sabe quién-
lleva al lobo guardado
debajo de la piel).


“La ciudad hundida y otros misterios”


Foto: LUNA LLENA

En las noches de luna
deambula el lobisón;
(dicen que es una sombra
que pierde la razón).

Pudiera ser un hombre
mordido de serpiente
y que en ardua pelea
le ha ganado a la muerte.

Va sembrando un murmullo,
rumor desconocido,
de garganta que ensaya
guturales gruñidos.

Hay que cerrar las puertas,
no andar a cielo abierto,
apurar los cerrojos,
escuchar los silencios.

Se aparece cubierto
de pelaje bruñido;
todos temen sus pasos
de andar desconocido.

Su sed, que no se calma,
bebe en una oquedad
donde la gente mezcla
mentira con verdad. 

Dicen que es responsable
de potros desbocados,
de ángeles perdidos,
de amores olvidados.

Ha devorado ciervos
y a algunos vagabundos
que, como el lobo, andaban
solitos en el mundo.

Los regueros de sangre
que dejó alguna vez,
se han ido con viruta
de tronco de ciprés.

¡Cuidado con la luna!,
su lentitud de plata
se asusta de los seres 
que ella misma desata.

Se cobija en la sombra,
comienza a decrecer
y nos creemos solos
sin monstruo que temer.

(Pero alguien de nosotros
-y no se sabe quién-
lleva al lobo guardado
debajo de la piel).



María Cristina Ramos
De “La ciudad hundida y otros misterios”

viernes, 1 de febrero de 2013

¿Somos lo que se lleva el viento?


Somos lo que se lleva el viento,
cristalitos de sal o el reflejo que hunde el remolino.
Fuimos los que amamos y ardimos de pelea,
los que al fin del día nos descarozábamos de sueños.
Fuimos maíz que buscó el aire en el traje ambicioso de octubre.
Fuimos siglos en salas de espera, abrazos emigrados,
fuimos celebración en la orilla de lo naciente.
Fuimos trigo venteado y fondo de río para el anclaje del silencio.
Fuimos oleaje sin decir y andanadas heridas de palabras.
Fuimos esto y lo otro y lo que nadie vio
y crecimos con ellos y ellos nos vieron reír y renacer.
Fuimos estación de olivar en el itinerario de la abeja,
huellas en la orilla de sedientos mares,
somos agua que pasó en el manantial.
Y luego partimos y el instante nos deja rielar
como semilla alada en el candil del aire,
y luego tal vez nada, lo que fuimos.


María Cristina Ramos

Foto: Somos lo que se lleva el viento,
cristalitos de sal o el reflejo que hunde el remolino.
Fuimos los que amamos y ardimos de pelea,
los que al fin del día nos descarozábamos de sueños.
Fuimos maíz que buscó el aire en el traje ambicioso de octubre.
Fuimos siglos en salas de espera, abrazos emigrados,
fuimos celebración en la orilla de lo naciente.
Fuimos trigo venteado y fondo de río para el anclaje del silencio.
Fuimos oleaje sin decir y andanadas heridas de palabras.
Fuimos esto y lo otro y lo que nadie vio
y crecimos con ellos y ellos nos vieron reír y renacer.
Fuimos estación de olivar en el itinerario de la abeja,
huellas en la orilla de sedientos mares,
somos agua que pasó en el manantial.
Y luego partimos y el instante nos deja rielar
como semilla alada en el candil del aire,
y luego tal vez nada, lo que fuimos.

¿Somos lo que se lleva el viento?


                                                           María Cristina Ramos

miércoles, 30 de enero de 2013

DAMASCOS




Bajo el hilo del agua que consiente, abrir en dos los mundos del damasco, hemisferios venidos del sueño de la tierra. Estiba de suave pulpa, espiras de su aroma. Cubrir con dunas de azúcar, dejar en el reposo de la olla. Habrá un deslizamiento de cristales entre las oquedades del damasco. 
Domesticar el fuego en una llama que susurre. Posar en él la olla y preguntarle acerca de sus lentas sensaciones, de sus dulces memorias de cocina. Remover en redondo, en eses y en estrella, pulsando el largo tallo de cuchara en que se espiga la madera.
A fuego lento un tiempo de gotas de aire ardiente; el fuego es como el tiempo.
El dulce es como el tiempo, que de pronto se ha ido.

En un claro del mundo
Editorial Ruedamares
Foto: DAMASCOS

 Bajo el hilo del agua que consiente, abrir en dos los mundos del damasco, hemisferios venidos del sueño de la tierra. Estiba de suave pulpa, espiras de su aroma. Cubrir con dunas de azúcar, dejar en el reposo de la olla. Habrá un deslizamiento de cristales entre las oquedades del damasco. 
 Domesticar el fuego en una llama que susurre. Posar en él la olla y preguntarle acerca de sus lentas sensaciones, de sus dulces memorias de cocina. Remover en redondo, en eses y en estrella, pulsando el largo tallo de cuchara en que se espiga la madera.
 A fuego lento un tiempo de gotas de aire ardiente; el fuego es como el tiempo.
 El dulce es como el tiempo, que de pronto se ha ido.



De En un claro del mundo
María Cristina Ramos
Editorial Ruedamares

lunes, 28 de enero de 2013

GEOMÉTRIX



Los óvalos habían salido a deambular por la llanura. Iban rodando, por eso se los veía subir y bajar, como quien cabalga. Los círculos habían decidido girar fijos en un punto como monedas en manos juguetonas. Tres rectas dudaban, se cruzaban y descruzaban, formaban un triángulo -figura difícil- y luego se abrían cada cual por su lado. Dos paralelas trazaron un puente; debajo, muchas líneas corrían enmadejándose, otras se rompían en las aristas de las piedras. Luego todo fue peinado por el viento y terminó perdiéndose, en un punto lejano.



De Cae la nieve